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lunes, 17 de marzo de 2014

¡Seremos nuestras propias contraseñas!

Existe un tipo de contraseña con la que nos podemos asegurar que nunca tendremos problema alguno. Ni la persona más puesta en informática sería capaz de acceder a nuestros datos, a nuestra casa ni a nuestras cosas más íntimas.



Qué mejor idea que la de ser nosotros mismos, nuestras propias contraseñas. Es decir, nuestra huella dactilar, nuestro iris, nuestra voz, o incluso nuestra cara. Hoy en día esto es posible puesto que existen sistemas que permiten la identificación de usuarios por las características únicas de su persona. Esas características de las que hablamos, están representadas por un patrón propio que no puede coincidir con el de ningún otro individuo, y que además es difícil de reproducir.
El estudio de las técnicas de reconocimiento de usuarios utilizando las características corporales propias que lo distinguen de los demás es la Biometría.

En el caso de los sistemas biométricos el reconocedor es un dispositivo que, basándose en características del sujeto a identificar, permite o deniega el acceso a un determinado recurso o lugar físico.



El uso de la Biometría presenta numerosas ventajas sobre los sistemas de verificación más “tradicionales” basados en contraseñas o en tarjetas inteligentes, a los que además puede complementar:
  • En primer lugar, dado que la propia persona es la portadora de la característica biométrica, no es necesario memorizar ninguna contraseña que se pueda olvidar, ni llevar ninguna tarjeta que se pueda perder o robar. 
  • Las características biométricas no se pueden perder, y son difíciles de robar, aunque se podría falsificar. 
  • En las líneas que siguen presentaremos una visión de las tecnologías que se emplean en los sistemas de identificación biométrica.

Pero también debemos tener en mente las desventajas:
  • Es un sistema tan innovador que el coste es inevitable que a día de hoy sea barato en comparación con cualquier otro dispositivo determinado por una contraseña. 
  • Hay que tener en cuenta los costes propios del dispositivo, los costes de instalación y despliegue, y los costes de mantenimiento y de las actualizaciones de hardware y software.
  • También influye en la aceptación de los usuarios el tiempo que éstos necesitan para habituarse al sistema, o la cantidad de tiempo que requieren para entrenarlo, y la dificultad del entrenamiento.
  • Uno de los problemas que surgen con las aplicaciones biométricas, es que es necesario disponer de una base de datos centralizada donde residan los patrones correspondientes a los datos biométricos de los usuarios (estos datos son personales y privados, por lo que deben estar regulados y protegidos a nivel nacional e internacional). 

Al hablar de los sistemas de este tipo, no estamos hablando de sistemas muy lejanos. Hoy en día existen portátiles y PDAs que disponen de sistemas de reconocimiento de huella dactilar incorporados, que permiten sustituir los nombres de usuario y contraseñas o bien bloquear el disco duro para mantener la seguridad de los datos.
Tenemos que ir tomando nota de que en un futuro no muy próximo las contraseñas de siempre, dejarán de existir y contaremos con nosotros mismos para el acceso a todo tipo de datos.